Singapur en sánscrito significa “la ciudad de los leones”. No en vano el símbolo de la ciudad y uno de los monumentos más fotografiados es el “Merlion”, una sirena con cabeza de león. Abajo: mi mamá, merlion y yo.

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Aprovechando la festividad del Tet, me fui con mis papás a conocer Singapur. Singapur está prácticamente en el ecuador, con lo que la temperatura no varía durante todo el año: entre los 25 y los 30 grados permanentes, una gozada si no hay mucha humedad. Mi mamá se sorprendió mucho, acostumbrada a ver las chabolas de Vietnam, Camboya, Laos y Myanmar, Singapur es como una ciudad extraterrestre: una ciudad totalmente desarrollada , con calles limpias y asfaltadas, metro, autobuses inteligentes, centros comerciales en cada esquina, hoteles 5 estrellas por doquier… todo un sueño de ciudad para un vietnamita como yo. Cinco días y cuatro noches viví en Singapur. Hubo fuegos artificiales por ser año nuevo, pero que sinceramente decepcionaron a mis papás: no llegan a la altura del talón ni a los fuegos de Valparaíso para año nuevo ni a los fuegos del Pilar de Zaragoza el día de la Hispanidad. Fui también a la isla de Sentosa, y visité el aquarium, muy interesante. Mi papá estuvo muy “relajado” para lo que es él. Debido a que yo soy pequeñito y requiero mucha atención, no pudimos visitar muchas cosas, pero disfrutamos de nuestro hotel cinco estrellas con unas vistas panorámicas espectaculares y una televisión de plasma que me quedaba pegado mirando.

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